30 de agosto de 2013

Casa Marabini, siglo XIX


 Marabini

Este verano, leyendo “La espuma” de Armando Palacio Valdés, me dejó muy sorprendido la mención que se hace en un pasaje de la novela de los lujosos escaparates de una afamada joyería de Madrid ubicada en la calle de la Montera. Tanto picó mi curiosidad la alusión a este comercio, que me puse a a indagar para ver si el establecimiento fue real o fruto de la imaginación de D. Armando. No con poco esfuerzo de hemerotecas, comenzaron a aparecer multitud de datos que corroboraban la notabilidad de esta estirpe de joyeros que, durante casi sesenta años, elaboró piezas de singular valor, tanto artístico como crematístico. Dada la importancia que durante tantos años tuvo, creo que mucho se ha olvidado al platero Marabini, un artífice un tanto desconocido incluso para la mayoría de los especialistas del gremio. Vaya este humilde artículo en honor a su memoria y a la de tantos otros comercios centenarios desaparecidos y que formaron parte muy importante de una no tan lejana historia de nuestro querido Madrid. 

El primer platero con este original apellido del que se tienen noticias es Romano Marabini y Emiliano, cuya casa fundó en Madrid en el año de 1860. Romano Marabini, originario de Rávena, tomó como segundo apellido el gentilicio de su región, Emilia. Los primeros datos que he podido encontrar con el nombre de este joyero aparecen con motivo de la adquisición de un conjunto de joyas que hizo la familia Soler, para obsequiar a los artistas más notables del Teatro Real. Dichas joyas fueron adquiridas en la casa del diamantista, (así se les denominaba a los plateros de oro desde finales del siglo XVIII), Romano Marabini, sita en la calle de Espoz y Mina, 1. La relación de objetos que se compraron para tal fin fue la siguiente: 


Una pulsera de oro incrustada de mosaico formando flores variadas en colores, un medio aderezo de coral montado en oro, un alfiler con camafeo de coral montado al etrusco, unos pendientes de perilla de coral rosa, una botonadura de amatistas con una flor incrustada llenas de rosas, dos más también de amatistas con perla, la una en medio montada al etrusco en oro y la otra con una rosa brillantada en medio, montada como la anterior, otras dos de oro, en medio una orla de rosa y esmeralda en el centro y, por último, una gruesa cadena de oro maciza de largos eslabones con sello negro y algún tanto labrado por los extremos”.

En 1868 Romano Marabini aparece como uno de los firmantes de un manifiesto de apoyo al destronamiento de Isabel II y que comienza de esta manera:

Los italianos residentes en la actualidad en Madrid, en nombre de todos sus compatriotas, seguros de ser sus fieles intérpretes, felicitan a la nación española por la Santa Revolución que ha realizado, expulsando para siempre de su suelo al último Borbón coronado”.

Si bien en 1865 el establecimiento de Marabini tenía aún su sede en la calle de Espoz y Mina, en 1872 ya aparece en la calle de la Montera. Además de Palacio Valdés, también Benito Pérez Galdós se refiere al muy conocido joyero en dos de sus obras, “La desheredada” y “Lo prohibido”.
En 1877 aparece fechada una factura que se presentó al marqués de Cerralbo:

“ROMANO MARABINI, BISUTIER Y DIAMANTISTA. MONTERA, 7. TALLERES
Se construyen toda clase de alhajas y se compran toda clase de piedras preciosas”.
Por un par de aretes de dos brillantes con montura: 17.000 reales.
P.D. Estos aretes podrán cambiarse por otros de mayor o menor tamaño y mejor clase tan pronto como los haya y sean de su gusto. 

En la Exposición de Minería y Artes Metalúrgicas de España y Portugal prevista para 1882 figuran varios plateros expositores: Celestino de Ansorena, Francisco Marzo, Romano Marabini, Guisasola, Leoncio Meneses y Zuloaga e hijos, junto a otras personas relacionadas con la fabricación de armas.
En 1883 se celebró en el teatro Apolo de Madrid una representación de San Franco de Sena a beneficio del compositor Emilio Arrieta. Diversas instituciones y particulares le ofrecieron regalos y de entre todos ellos destaca:

Hermosa corona de oro que constituye una magnífica obra de arte de lo más acabado y perfecto que pueda darse en el género. Es una imitación de laurel que contiene 80 hojas y ostenta en elegante lazo la siguiente inscripción: San Franco de Sena. Octubre 27 de 1883. Está colocada en un rico estuche de terciopelo granate y en el espacio central de la expresada corona hay colocada una plancha de oro, delicadamente cincelada, que ostenta la siguiente dedicatoria en letras esmaltadas: A Emilio Arrieta por Suscrición Nacional 1883. Dicha costosa alhaja ha sido construida en los talleres de la conocida casa del señor Marabini y es un trabajo que le honra en extremo. El Álbum que contiene los nombres de los suscritores es de rica piel de Rusia, con las iniciales del maestro y los broches de oro, construidos por el señor Marabini”.



En 1884 el joyero recibe el encargo de un marco rectangular de oro con brillantes y perlas y un óvalo central para colocar una fotografía o un retrato en miniatura para un cliente desconocido que debía ser conde a juzgar por la corona que lo remata. En torno al óvalo, figura la dedicatoria: “A MI INOLVIDABLE MADRE, 26 DE JULIO DE 1884”. Esta pieza aparece reproducida en prensa como ejemplo de «Orfebrería moderna». Tal es la notoriedad que va alcanzando la firma, que en un folletón publicado en 1885 y titulado “En pos de la fortuna”, de Pedro Jesús Solas, curiosamente el actor protagonista representa a un tal Héctor Marabini, mientras que otro actor encarna el personaje de Aquiles Marabini.

En 1886 un real decreto de la reina María Cristina señalaba en su artículo 1º:


Se concede a los súbditos italianos D. Héctor y D. Roberto Marabini y Conti la nacionalidad española que tienen solicitada, entendiéndose que ésta ha de ser de las llamadas de cuarta clase con arreglo a las leyes”.

Ambos hermanos eran hijos del diamantista Romano Marabini y Emiliano (1830-1896) y de doña Antonia Conti y Vitali (1833-1899). La fama de Marabini debió ser tan notable en la época que incluso aparecía un chistecito publicado en un diario:

En la calle de la Montera delante de la casa de Marabini:
-Él: Mira qué pendientes tan magníficos de perlas y brillantes hay allí a la derecha.
-Ella: ¿Pendientes has dicho? Soy toda orejas.

En 1886 aparece en prensa un anuncio de Romano Marabini en el apartado de joyeros, en la citada sede de la calle de la Montera, 7. En 1887 figura como Romano Marabini y Emiliano; en 1888 como Marabini e hijo (Héctor), y desde 1893 a 1898, ya en la calle del Carmen, 14, figura como Marabini e hijos (Héctor y Roberto).
Una crónica del mes de mayo de 1889 nos relata que estando doña Joaquina de Osma, esposa de don Antonio Cánovas del Castillo, comprando unas alhajas en la joyería, entraron dos caballeros supuestamente con ánimo de adquirir unos anillos pero no satisfechos con los precios abandonaron el establecimiento. Al recoger Marabini las alhajas de oro esparcidas por el mostrador notó la falta de tres alfileres de gran valor que se estimó en varios miles de pesetas. Se describe lo sustraído como un alfiler de brillantes en forma de perilla, otro de brillantes rodeado de perlas y el último compuesto de pequeñas chispas de brillantes con dos zafiros.
En 1894 la duquesa de Nájera encargó a Marabini una corona, con motivo de la coronación del zar Nicolás II en Moscú. En la corona iban dispuestos 2.530 brillantes, entre los que destacaban 24 grandes y uno extraordinario colocado en el florón central. A pesar del complicado dibujo y de lo exquisito del trabajo los operarios de Marabini no habían empleado más que treinta y cinco días en la construcción de la corona. En el escaparate de la joyería de Marabini estuvo durante algún tiempo expuesta dicha corona.
En febrero del mismo año se publicaba la realización de un gran collar de chatons por encargo de la madre de la duquesa de Aliaga como uno de los regalos de boda a su hija.



En 1895 está fechada una gran custodia de templete, encargo de una comunidad de la Corte, que se conserva en el monasterio de la Visitación o de las Salesas Nuevas de Madrid. Es una pieza de un metro de altura en plata sobredorada y lleva 1.216 brillantes, 120 esmeraldas, 420 perlas y 34 topacios, estatuitas de ángeles mancebos orantes en pie y en las hornacinas del nudo los cuatro evangelistas. La forma general responde al gótico final, pero las columnas son de tipo clasicista, las nubes, espigas y racimos siguen estructuras del XVIII y las estatuillas un estilo historicista de evidente eclecticismo. Una placa colocada en el reverso indica: “Marabini, Madrid 1895”.

La Ilustración Española y Americana de la época dice:


“El estilo es tan puro que hace creer que se tiene delante la obra de uno de los buenos maestros del arte gótico y que Marabini ha tenido que vencer grandes dificultades en la ejecución por ser poquísimos los obreros dedicados a este género de trabajos”.

También en este mismo año de 1895, en la fiesta de la Asociación de la Prensa, entre otros regalos, se obsequió al maestro Goula con una placa, con las iniciales de su nombre en brillantes, fabricada en los talleres de Marabini .                                              
                                                                                                                                    Continuará...


Fotos y fuentes: La Correspondencia de España, Diario de Avisos de Madrid, El Liberal, El Globo, La Época

La Ilustración Española y Americana, El Imparcial

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30 de julio de 2013

Art-Quitecturas fantásticas



El bosque espiral, Darmstadt.

Aprovechando que el periodo de vacaciones estivales es una de las épocas idóneas para realizar viajes y que la Escuela de Arquitectura de la Universidad Europea de Madrid ha celebrado un año más su Semana Fantástica, donde se han dado cita importantes figuras del sector para hablar sobre la actualidad arquitectónica, "M@driz hacia arriba" quiere hacer un pequeño recorrido, esta vez por Alemania, para poder observar algunos de esos curiosos trabajos curvilíneos, caprichosos y a veces hasta poco creíbles. Estructuras extrañas que parecen salidas de caricaturas o dibujos de cuento donde la imaginación de algunos arquitectos con cada proyecto ha conseguido superar sus limites. 


  

              Düsseldorf                               Edificio Nord LB, Hannover

 

    Felix Nussbaum Museum, Osnabrück

       

           Museo de Historia Militar, Dresden                   Museo Porsche, Stuttgart


Universidad, Lüneburg


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25 de junio de 2013

Palacio de la duquesa de Medina de las Torres


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Fue construido entre 1881 y 1884 por el arquitecto castellano-manchego Agustín Ortiz de Villajos (1827-1902) en el paseo de Recoletos, sobre gran parte del solar donde estuvo ubicado el Circo Teatro de Price, derribado tras un asolador incendio. Sobre la parte restante que quedó libre del solar, se construiría unos años más adelante el contiguo palacio de Elduayen. Estos dos palacios, junto a los del Marqués de Salamanca, Marqués de Alcañices (Duque de Sesto) y otros notabilísimos edificios, convertirían esta zona de la capital en una de las más elegantes de todo Madrid. 

©M@driz hacia arriba ©M@driz hacia arriba

En el palacio de la duquesa de Medina de las Torres, podemos apreciar un elegante alzado que, originalmente, constaba de cuatro plantas y semisótano. Este edificio está estructurado en dos cuerpos de esquina y un cuerpo central con cinco vanos por planta ofreciendo todo el conjunto unas fachadas muy equilibradas por la distribución de los huecos y la sencilla decoración de los machones verticales de ladrillo. La pretensión de Ortiz de Villajos era obtener una construcción donde resaltara sin mucha ostentación el estilo de un palacio urbano, a la vez que velaba dicha ostentación asemejándola a un edificio de viviendas. 

Fundación MAPFRE

Unos veinticinco años después de su construcción, ya en la primera década del siglo XX, se decide hacer ciertos cambios en el edificio para proporcionarle un aire un tanto más señorial y se encarga la acertada construcción de dos torreones sobre los cuerpos de las esquinas, eso sí, siempre guardando la simetría, las decoraciones verticales y horizontales del estuco y empleando también en ellos los machones de ladrillo. En su interior caben destacar las alturas de algunas de sus plantas, llegando a alcanzar en la segunda y la tercera unos 4 metros cada una, mientras que en la planta principal se acerca casi a los 5 metros. 

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En la parte trasera del edificio, mediante un pasadizo volado, se accede a un cuerpo trasero supuestamente construido en la reforma de 1908 para albergar las cocheras, almacenes y las habitaciones del servicio. Actualmente, el antaño palacete ducal, hoy convertido en espacio expositivo de la Fundación MAPFRE, desde el 13 de junio al 4 de agosto, nos muestra una magnífica exposición: “Terrenos de juego” de Alberto Giacometti (1901-1966). Una buena ocasión para viajar este fin de semana a Madrid, alojarse en uno de sus hoteles y disfrutar de la amplia y variada oferta cultural que nos ofrece la capital en estos primeros días de verano. 


Fuentes: Alzado cortesía de Fundación MAPFRE, Madrid histórico
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28 de mayo de 2013

El Coliseo del Noviciado


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El Coliseo del Noviciado, fue construido en 1907 en estilo art nouveau por el arquitecto José Carnicero Rodríguez, con la intención de tener en Madrid un local donde poder alternar funciones cinematográficas y representaciones del género chico. En él trabajaban veinte empleados, contaba con un aforo de 600 personas y disponía de un amplio escenario. Dicen que el gran éxito del Coliseo del Noviciado fue por su proximidad con la Universidad Complutense de Madrid, entonces situada a pocos metros, pues muchos fueron los universitarios que llenaban habitualmente sus butacas.
La Correspondencia de España, de 1910 anunciaba: “ESTRENOS: «LA VIUDA DEL TENORIO» En el Coliseo del Noviciado se celebró el estreno de un juguete cómico destinado á endulzar la tristeza de los próximos días de noviembre. La viuda del Tenorio es una obra llena de ingenio, impregnada de un festivo humorismo, en la que abundan las situaciones cómicas y los chistes de buena ley y en la que hay, además, cuplés intencionados y el correspondiente garrotín. Nada faltaba, pues, á La viuda del Tenorio para agradar al público que acudió al estreno, y que por cierto era de cuidado; los actores Yuste y Bracamonte triunfaron por completo, y al final fueron llamados á escena por los aplausos insistentes del público. Rafael Alaria, el inteligente director de la compañía, estuvo hecho un héroe de gracia é intención y los Sres.. Codorníu y Celles contribuyeron á formar un buen conjunto. La viuda del Tenorio ha de llevar mucho público al Coliseo del Noviciado en estas tristes noches de noviembre.” 

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Dos años más tarde de este evento, en 1912, debido a un pavoroso incendio en la cabina de proyecciones, que se propagó rápidamente al techo de madera, el edificio quedó totalmente calcinado. Afortunadamente el local pudo ser desalojado con presteza por las siete puertas de que constaba y la diligencia de los bomberos del puesto de guardia de la universidad que evitó que las llamas se propagasen hacia el edificio colindante en la Calle de San Vicente Ferrer. Tras su reconstrucción por el arquitecto Manuel Ruiz Senén, se le redenominó como Cine-Teatro Álvarez Quintero, con una fachada sencilla, resaltando los apilastrados y ornamentándolo con pináculos. Unos años más tarde, en 1918, fue reformado por el arquitecto modernista José Espelius Anduaga (1874-1929) para poder albergar una exclusiva sala cinematográfica, el CINEMA X.
Un artículo en La Vanguardia Española, de 1954 decía: “Aún existe, aún, aquel modesto coliseo, pero trocado en cine desde hace muchos años, y ya con otro nombre en su frontispicio. El Teatro Álvarez Quintero de la calle de San Bernardo no era suntuoso como el Teatro Álvarez Quintero de la Gran Vía. Pero éste se ha cerrado igual que aquél. Y, posiblemente, con el mismo destino.”

 
Fuentes: La Vanguardia Española, La Correspondencia de España, Memoria de Madrid
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