13 de diciembre de 2010

Palacio de Longoria



Enclavado en la confluencia de las calles de Fernando VI y Pelayo, en el barrio de Justicia, se encuentra el Palacio de Longoria, popularmente conocido como Casa de los Autores, un referente de la actividad cultural en Madrid.


Francisco Javier González Longoria, político y financiero de principios del siglo XX, encargó en 1902 al arquitecto José Grases Riera (1850-1919) el proyecto de un palacete residencial con oficinas de trabajo.


El condiscípulo de Gaudí, Grases Riera, autor de obras como el edificio de La Equitativa en la calle de Alcalá, el conjunto monumental dedicado al rey Alfonso XII junto al estanque del Retiro, el dedicado a Cánovas en la plaza de la Marina Española y diversas casas y hoteles que no siempre han resistido el paso del tiempo, ideó para el conocido banquero un edificio de un modernismo expresionista.


Sobre un solar de planta cuadrada levantó dos torreones de base cuadrada unidos a otro torreón circular por dos cuerpos rectangulares. Diseñó las fachadas con abundantes motivos vegetales y nervios a la catalana y el cerramiento exterior con rejerías de modernismo parisino.


El año en que se dio por concluido, 1905, el cronista Domingo Gascón dijo: “Da verdadera lástima ver un derroche tan grande de ingenio, de arte y de dinero, tan mal empleado”. 


El palacio perteneció al financiero hasta 1912, fecha en la que por 500.000 pesetas fue vendido a Florestán Aguilar, odontólogo de la Casa Real. En 1946, tras su muerte, sus herederos lo vendieron a Construcciones Civiles, S.A. y ya en 1950 el palacete y el edificio adjunto fueron adquiridos por la Sociedad General de Autores en 4.975.000 pesetas. A lo largo del tiempo, el edificio experimentó transformaciones que fueron modificando y degradando su fisonomía original tanto externa como interiormente.


Destacan las realizadas por los arquitectos Francisco García Navas en 1912, Carlos Arniches Moltó en 1950 y Santiago Fajardo Cabeza en 1992. En esta última restauración y de momento definitiva, se derribó prácticamente todo el edificio excepto la estructura y la fachada para poder frenar el declive de esta construcción centenaria debilitada por las anteriores intervenciones, no siempre benevolentes. El Palacio requirió un completo saneado de estructura, fachadas, jardín, espacio interior, etc., para potenciar los valores de los casi 5.000 metros cuadrados del Palacio de Longoria.


Entre otros, merece destacar la espectacular escalera principal de mármol con barandilla de bronce y decoración artística y cubierta por un lucernario central de vidrio emplomado de la Casa Maumejean, las galerías acristaladas, el jardín interior y el salón de actos Manuel de Falla. Hoy en día, el edificio sede de la SGAE constituye arquitectónicamente, una de las construcciones más emblemáticas de los madrileños.


Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

5 de diciembre de 2010

Teatro María Guerrero



En 1875, con la entrada en Madrid de Alfonso XII como rey, comenzó otra nueva etapa en la que se desarrollaron las artes. La cultura se vio favorecida por los adelantos tecnológicos como la luz eléctrica, el teléfono y los transportes públicos. Proliferaron los teatros y entre muchos otros, el Teatro de la Princesa, que financiado por el Marqués de Monasterio, fue construido entre 1884 y 1885 por el arquitecto Agustín Ortiz de Villajos e inaugurado con la compañía de Emilio Mario y la comedia “Muérete y verás”, de Bretón de los Herreros y contando con la presencia de la Reina María Cristina y de la destronada Isabel II.


El edificio se proyectó bajo una concepción ecléctica. Sobre una planta cuadrangular se levantó una fachada neo renacentista provista de pilastras de orden gigante, un porche adosado para el acceso de carruajes y el conjunto rematado con un frontón en el cuerpo central, mientras que la decoración interior se realizó con motivos mudéjares.


Camerinos, oficinas y otras dependencias, fueron originalmente instalados en otros lugares por falta de espacio. Por este motivo se decidió ampliar el teatro en 1918, encargando al arquitecto Pablo Aranda la construcción de una nueva planta, cambiando el aspecto original de la fachada. En otra reforma posterior se integró el porche en el vestíbulo y se alteró el diseño de la sala y finalmente en 2003 se añade la Sala de la Princesa, con capacidad para 120 espectadores.


Desde finales del XIX comenzó a prodigarse la actriz María Guerrero, bajo licencia de explotación del Teatro Español. Sus compromisos artísticos dificultan sus obligaciones con dicho teatro por lo que su marido y empresario, Fernando Díaz de Mendoza, decide adquirir el Teatro de la Princesa en 1908 y trasladar su residencia a los pisos altos del edificio hasta el fallecimiento de la actriz en 1928.


Tras su muerte el teatro es adquirido por el Estado para Conservatorio de Música y Declamación y en 1931 pasó a llamarse Teatro María Guerrero. La Guerra Civil provocó el cierre del local hasta 1940, en que reabrió sus puertas como Teatro Nacional y en 1978 pasó a ser sede del Centro Dramático Nacional. En 1996 es declarado Bien de Interés Cultural.

Fuentes: "Madrid Villa y Corte" de Pedro Montoliú Camps, "Urbanity", "Postales Antiguas de Madrid" de Ediciones La Librería, "La Ilustración Española y Americana", "Ayuntamiento de Madrid", "Archivo Histórico Regional", "Viejo Madrid", "Sociedad Española de Librería", "Museo Municipal de Madrid".

Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

22 de noviembre de 2010

San Francisco el Grande


S. Francisco1 1906

Vaya esta pequeña aportación gráfica sobre la Real Basílica de San Francisco el Grande y la Gran Vía de San Francisco, como complemento y contribución a los magníficos artículos publicados recientemente por Bélok y Jesús en Viendo Madrid y Pasión por Madrid ,respectivamente. Después de tener el artículo confeccionado y casi en la “rotativa”, era una pena desechar el trabajo, pues la labor estaba ya terminada y me apetecía mostrarla.
Este es un enfoque, como reza el encabezado del post, comparativo. Enfoque de lo mucho o poco que se han modificado nuestras calles, barrios, plazas, comercios, etc. Cambios, a veces tan radicales, que han hecho que nuestro querido Madrid, dependiendo de qué zonas, sea totalmente desconocido. En definitiva se trata de comparar gráficamente los testimonios de lugares y edificios emblemáticos que, también gráficamente, nos legaron dibujantes, ilustradores, arquitectos y fotógrafos de siglos anteriores, con el entorno que nos ha tocado vivir en este siglo XXI.

Unas veces para bien y otras no tanto se han efectuado cambios que han mejorado o empeorado nuestra calidad de vida. Mejor una calle empedrada o asfaltada que no embarrada. Mejor pasear por una calle frondosamente arbolada que por un erial asolanado. Antes paseábamos por bulevares hoy prácticamente extintos. Cada calle tenía bancos para hacer un pequeño alto en nuestros paseos. Podíamos refrescarnos en las entonces numerosas fuentes, es más, era corriente que nuestras madres en sus bolsos, junto a la merienda, llevaran un vaso plegable para saciar nuestra sed. 
Nos comunicábamos de tú a tú con cualquier transeúnte en “medio de la calle”. El teléfono, avance fabuloso, con su tecnología punta nos comunica pero sin contacto físico. El aumento del tráfico rodado nos atrona, atropella, sustituye espacios verdes a la vez que apaga nuestros pulmones. Jardines en plazas y parques como el Retiro han desaparecido o quedado reducidos a la mínima expresión por el crecimiento demográfico e industrial. Y cómo no, la especulación de los que ostentan cualquier forma de poder ha hecho que en tan solo cincuenta años a Madrid no lo reconozcan ni nuestros abuelos.

Fuentes: "Madrid Villa y Corte" de Pedro Montoliú Camps, "Urbanity", "Postales Antiguas de Madrid" de Ediciones La Librería, "La Ilustración Española y Americana", "Ayuntamiento de Madrid", "Archivo Histórico Regional", "Viejo Madrid", "Sociedad Española de Librería", "Museo Municipal de Madrid".

Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

19 de noviembre de 2010

Teatro Apolo



Madrid conoció en la segunda mitad del siglo XIX el mayor crecimiento teatral de su historia. Teatros como el Español, Novedades, Variedades y Circo Price compitieron con el Martín, Eslava, Lara, Apolo, Comedia o Príncipe Alfonso. A estos se unían el Bretón, Buenavista, Recreo, Cava Baja, Liceo Cervantes, Liceo Ríus, Platerías, Pintoresco, De la Risa, De la Sartén y otros de corta vida o de temporada, al ofrecer sólo representaciones en verano. Ante la oferta existente se acordaron cuatro representaciones: Antes de cenar, después de cenar, después de la tertulia y la cuarta para trasnochadores. Nacía el teatro de funciones por horas. ¡Un real costaba la entrada!.

En 1861 había en Madrid 575 sociedades casino, 145 de baile, 139 de música y 123 dramáticas, con nombres como Rigoletto, El Club de los Lindos, La Deliciosa o El Elegante. Los salones del Prado, Recoletos, Circo de Paúl o Alhambra se convertían en salones de baile y surgieron otros como el jardín del Circo Price, los jardines Tívoli, los jardines Paraíso, el Eliseo Madrileño y los Campos Elíseos. En casas particulares, sobre todo de la nobleza, se representaban obras, todavía en 1864 había 722 marqueses, 588 condes, 166 caballeros de Santiago, 82 duques, 74 vizcondes y 67 barones. 

En 1870 el primitivo convento de los carmelitas descalzos fue demolido para construir el Teatro Apolo, un templo de la música que si bien al principio se dedicaba a poner obras de Echegaray, pronto se convirtió en la sede del teatro lírico estrenando “La Verbena de la Paloma”, con el sobrenombre de “El boticario y las chulapas o Celos mal reprimidos”, “La Revoltosa”, “Agua, azucarillos y aguardiente” o “La Gran Vía”, esta última estrenada en el Teatro Felipe y luego cuatro temporadas en el Apolo.

Teatro Apolo4 1920

En los últimos diez años del siglo se produjeron 1500 títulos de autores como los hermanos Álvarez Quintero, Arniches, Benavente, Vital Aza o Fernández Shaw con música de Chueca, Chapí, Bretón, Torregrosa o Serrano. El Teatro Apolo, antes Teatro Moratín estuvo situado junto a la iglesia de San José, en la calle de Alcalá, y abrió su puertas entre 1873 y 1929. Tras su demolición se levantó en su lugar el edificio del Banco de Vizcaya.


Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

4 de noviembre de 2010

Viaducto


Desde el siglo XVI numerosos arquitectos estudiaron la forma de unir el Alcázar con la iglesia de San Francisco el Grande y así cubrir la necesidad de comunicar el norte con el sur, pero no se retomaron los trabajos hasta la segunda mitad del siglo XIX. Un proyecto ideado en 1859 fue declarado de utilidad pública en 1861. En 1868 la arquitectura de hierro fue la gran protagonista aunque los materiales tuvieran que traerse de Francia o de Inglaterra y eso encareciera mucho las obras. 
Este tipo de construcción permitió levantar mercados cubiertos, frontones, palacios, cafés, estaciones de ferrocarril y hasta casas particulares. El diseño del ingeniero Eugenio Barrón constaba de tres tramos, el central de 50 metros y dos laterales de 40 metros, tenía una altura de 23 metros en su punto medio y 13 metros de anchura, de los cuales 8 metros eran para paso de carruajes.

La estructura se apoyaba en estribos de fábrica y dos pilotes de hierro forjado sobre basamentos de piedra. Fue colocado su primer pilar de hierro en 1872 y en 1874 quedó terminado uno de los pocos puentes construidos en Madrid y no para pasar precisamente sobre el río, sino por encima de otra calle, prolongando la calle Bailén hasta la plaza de San Francisco y librando el desnivel de la calle de Segovia.
Se inauguró oficialmente el 13 de octubre de 1874 con el paso de los restos mortales de Calderón de la Barca, trasladados desde San Francisco el Grande hasta la sacramental de San Nicolás. Fue reformado en dos ocasiones durante la década de los 20 y el Ayuntamiento en 1932 convocó concurso al que se presentaron 14 proyectos. Ganó el equipo formado por los arquitectos Francisco Javier Ferrero, José de Juan Aracil y Luis Aldaz.
La nueva construcción que se comenzó en 1934 y no se pudo terminar, a causa de la guerra civil, hasta 1942, constaba de 200 metros de largo y 20 metros de ancho, estaba formada por tres arcos, el central a 25 metros de altura y se apoyaba en 8 pilares, cuatro de los cuales con huecos de ascensor que nunca fueron instalados. En 1976 aparecieron grietas y se cerró al tráfico rodado y en 1978 tras casi un año de obras volvió a ser puesto en servicio.


Fuentes: "Madrid Villa y Corte" de Pedro Montoliú Campos, "Viejo Madrid", "Postales antiguas de Madrid" Ediciones La Librería", "La Ilustración Española y Americana".
Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

28 de octubre de 2010

Fachadas madrileñas


En estos últimos días del mes de octubre, con las navidades en ciernes al menos en algunos comercios, con el ambiente fresquito y el cielo despejado y por lo tanto con sol, Madrid se llena de una luminosidad que hace resaltar detalles que sin esa claridad quedan en la penumbra y pasan desapercibidos.
En las fachadas de muchos edificios decimonónicos, dependiendo de esa incidencia de luz, podemos apreciar en todo su esplendor infinitos remates de una decoración barroca, modernista o rococó con los que arquitectos de otras épocas decoraban sus proyectos.

Hoy en día se continúan diseñando edificios, naturalmente, pero con una concepción de puertas adentro, el entorno no preocupa, los edificios centenarios contiguos, si los hubiere, no son tenidos en cuenta, es más importante el lucimiento personal, la innovación, lo revolucionario.  
Y así nos encontramos con múltiples y variadas aberraciones arquitectónicas entre dos edificios preciosistas, “pegotes” que cuadrarían bien en urbanizaciones de reciente construcción, en los P.A.U., en ensanches o en ciudades empresariales pero, ¡por favor!, no en el casco histórico de Madrid y aunque suene a trasnochado, “la tierra del requiebro y del chotís”.

Hubo arquitectos como Lloyd Wright, Alvar Aalto, Niemeyer, Neutra, etc., que observaban el entorno donde se les había encargado que construyesen y luego, se estrujaban las meninges, ponían a trabajar su imaginación y daban forma a sus sueños, en definitiva, se preocupaban de que su proyecto se beneficiara de lo que le circundaba y viceversa. En fin, que veo edificaciones en pleno centro “protegido”, que como en aquél famoso chiste de los gitanos y la Benemérita, me hacen exclamar, con perdón, “...no sé, pero me está entrando una mala leche”.
Hago responsables a las administraciones de turno, de que en zonas protegidas por normativa, y en la mayoría de los casos por intereses especulativos, dejen que la finca llegue al estado de ruina para así poder derribarla y se puedan edificar más metros cuadrados en más altura, y lo que es peor aún, sin estar aún declarada en estado de ruina.
  
¿Hay alguna forma de que los centros históricos de las ciudades resistan los afanes especulativos y las ínfulas modernizantes?. Yo creo que se puede hacer, evitando la degradación de la ciudad y la pérdida del legado antiguo, la especulación, el crecimiento inarmónico y desordenado, el desprecio por los valores regionales y fomentando el conocimiento de la historia del arte y de los valores urbanísticos.
Parafraseando a un innombrable austriaco, “Sólo se respeta lo que se ama y sólo se ama lo que se conoce”. Sin esta premisa educativa, cualquier plan destinado a conservar nuestros valores está condenado al fracaso. La conciliación del progreso con la memoria histórica sigue siendo el gran reto.

Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

11 de octubre de 2010

Relojes en Madrid


Desde que el hombre está sobre la tierra y puede recordar, el tiempo siempre ha sido para él uno de los motivos de mayor preocupación. No se sabe por qué razón, pero ha tenido la imperiosa necesidad de conocer el momento del día y de la noche en que se hallaba para organizar su vida cotidiana. Se dio cuenta de que mirando hacia arriba, al firmamento, podía orientarse con la rotación de la tierra y con unas referencias, decidir si era la hora de cazar, recolectar, dormir, pintar o comer.
No le resultó lo suficientemente precisa la situación de una infinidad de puntos luminosos allá arriba y se percató, hace como unos 4.000 años, de que con un palito en el suelo y la sombra que proyectaba, podía controlar con más exactitud el momento justo para ir a comer, cazar, etc. Pero las diferentes estaciones del año le confundían, la dirección de la sombra del palito variaba de una temporada a otra y eso no era, ni por asomo, la precisión que el hombre necesitaba. ¿Y por la noche, dónde estaba la sombra del palito?

Y como en aquellos remotos tiempos también las ciencias adelantaban que era una barbaridad, el hombre no paró hasta dar con un medidor de tiempo más preciso y, ¡eureka!, hace unos 3.500 años, no sin dificultades, inventó la clepsidra (reloj de agua), que le permitía mediante la simple gravedad y un recipiente graduado en su interior, tener mejor noción del tiempo transcurrido.
Quiso el hombre controlarse más y rizó el rizo y, allá por el siglo VIII, mediante unas ampolletas de vidrio unidas por un orificio y una cierta cantidad de arena (reloj de arena, evidentemente) consiguió más control. Pero ¿qué ocurrió?, que de tanto uso las areniscas, por erosión, se iban haciendo más finas, caían con mayor rapidez y el invento ya no marcaba el mismo tiempo para el que había sido creado. Además, si quería controlar un espacio de tiempo amplio, debía construir unas ampolletas enormes y le resultó un poco incómodo su manejo.

Tuvo que volverse a estrujar más el cerebro para conseguir la máxima exactitud posible y como el tiempo urgía, trabajó día y noche dibujando resortes, ejes y engranajes que más tarde, tallados en madera, milimétricamente colocados y con los oportunos ajustes, daban como resultado un maravilloso mecanismo totalmente artesanal, el perfecto aparato de medición del tiempo.
Hubo quien dijo que sonaba demasiado, que atrasaba, que adelantaba, que se rompían las piezas con frecuencia, en fin, que no era tan perfecto como decían, que quizá con otros materiales...Y en su afán de perfección, de complacer y complacerse, el hombre experimentó con diversos materiales y sustituyó madera por hierro y bronce.

Aún así, continuaban cometiendo errores en la medida del inexorable tiempo y empleó materiales más resistentes y menos pesados como el latón, el acero e incluso piedras preciosas como el rubí y el diamante. Consiguió fabricarlos de un tamaño lo suficientemente pequeño para que nos acompañaran constantemente ya en el bolsillo con una cadenita (leontina), ya en la muñeca (de pulsera).  
Llegó el siglo XX, la era moderna, la industrialización, las computadoras electrónicas, la informática, y el hombre no cejó en su empeño hasta conseguir digitalizar con cuarzo (error de tres segundos al año) el aparato primigenio. Hoy en día, el hombre sigue intentando controlar a quien le controla y aunque está bastante satisfecho con el trabajo hasta el momento realizado, ha hecho ya sus pinitos con los relojes atómicos (un segundo de desfase cada 300 años) impulsados con energía nuclear. La próxima elucubración de la mente humana con “el tiempo”, esa, no sé si la veremos. “El tiempo lo dirá”.

De momento si paseáis por Madrid...con tiempo, mirad hacia arriba y con más frecuencia de lo que pensáis, os encontrareis con verdaderas joyas de los maestros relojeros.

Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

23 de septiembre de 2010

Parque del Oeste

Está situado entre la carretera de La Coruña, la Ciudad Universitaria, Puente de los Franceses y el Barrio de Argüelles. Es el primer parque público creado como tal en la Villa de Madrid. Se comenzó su construcción en 1893, tras la expropiación del Real Sitio de la Florida por el Estado de la República y quedó inaugurado en 1905.
El autor del proyecto fue el Director de Jardines y Plantíos del Ayuntamiento de Madrid e ingeniero agrónomo, D. Celedonio Rodrigáñez y Vallejo, sucediéndole a su jubilación en 1910, su ayudante y también paisajista, Cecilio Rodríguez, Jardinero Mayor del Ayuntamiento de Madrid.

En 1906, siendo alcalde de Madrid, don Alberto Aguilera, se solicitó el trazado de un lugar para el paseo y descanso de los madrileños, en los terrenos que antiguamente ocupaba el principal vertedero de basuras de la ciudad, dando inició a una segunda fase, añadiendo 3 hectáreas y finalizándose ésta en 1914.
Es uno de los espacios verdes más importante de Madrid. Actualmente, tiene una superficie de 98,60 hectáreas, en su mayor parte ajardinadas, con gran variedad de coníferas, cedros del Líbano, chopos, tilos y hayas.
  
El parque cuenta con lugares tan singulares como la Escuela de Cerámica, fundada en 1911 por Francisco Alcántara. La Rosaleda, con 15.000 metros cuadrados.
El Templo de Debod, templo egipcio del siglo II a.C. regalo del Gobierno de Egipto por la colaboración española en la construcción de la presa de Assuán y emplazado en el mismo lugar donde se encontraba el Cuartel de la Montaña, famoso por los sucesos de 1936, cuando fue asaltado por los madrileños en busca de armas para defenderse del ejército sublevado.

El Parque de la Tinaja, de 2 hectáreas de extensión, con uno de los hornos de la antigua Fábrica de Cerámica de la Moncloa, fundada en 1816 por Fernando VII.
El Templete de la Música, de forma octogonal con estructura de hierro y hormigón, suelo de granito y cubierta de pizarra. La Casa de la Rosa, recinto anexo a la Escuela de Cerámica, etc.
El parque tiene carácter monumental y paisajista con un trazado de jardín inglés, con fuertes desniveles, caminos curvilíneos de inspiración naturalista, extensas praderas verdes, un arroyo con saltos de agua, monumentos, estatuas, esculturas y fuentes.

Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

10 de septiembre de 2010

Oda al balcón


Voy a contaros la historia de unos balcones colgados,
de paseos por las calles, tirando fotos al alto.
Esto es "Madriz hacia arriba", poco miro yo hacia abajo,
por culpa de esta postura inmundicias he pisado.
  
He maldecido a los perros que Madrid han ensuciado,
pero más bien a los amos, que sí deben ser multados.
La educación de los dueños queda por muy deseado,
vaya por ellos un grito de ¡¡cochinos y marranos!!.
  
Prosigo con mis balcones allí arriba, allá en lo alto,
suspendidos, voladizos, empotrados y afianzados.
Mi cuello toma la forma de mirarlos desde abajo,
a ratos muy dolorido y otros más, ni me he enterado.
  
Miro hacia arriba en Madrid y otros sitios visitados,
queda perpleja mi vista, me estremezco y me anonado.
Mil, tres mil, diez mil balcones con mi Nikon he plasmado,
cientos de ellos los borro, otros cientos he guardado.
  
Guardo balcones chiquitos, señoriales y olvidados,
con historia, sin salida, hechos polvo y destrozados.
Hay balcones que no existen, hay balcones desbordados
de cactus, plantas y rosas que hasta la acera han llegado.
  
Hay balcones que relucen, parecen hasta incendiados,
con velas, neón, faroles, también los hay apagados.
Hay balcones con macetas que quedan asilvestrados,
y balcones de gran porte, con vistas y bien pintados.
   
Pero también hay sin lustre, sin cristales y sin amos,
balcones con mucha ropa, con cortinas o con trapos.
Muñecas, bicis, ositos, esculturas y colgajos,
con barandas de colores, florituras y forjados.
  
No me canso de mirarlos, pues los hay muy bien plantados,
rojos, violetas y verdes, blancos, azules, rosados.
Con mirador, con un toldo, a la sombra y arbolados,
objetos extraños lucen, cráneos, cazos, pies y manos.
  
Balcones que dan patadas, hacen surfing en secano,
con sombreros, molinillos, gente hablando y solitarios.
Hemos visto miradores, balcones dobles, canijos,
medievales y romanos, empedrados que dan frío.
  
Adjetivos de balcones quedan muchos en el saco,
pero la historia se acaba, al poco haberla empezado.
Espero os hayan gustado, al menos entretenido,
sed buenos, pasadlo bien y hasta la próxima, amigos.

Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

31 de agosto de 2010

Sacramental de San Isidro



La proposición de incautar las Sacramentales y edificar un gran cementerio municipal se plantea de forma definitiva durante la revolución de 1868. Desde su exilio parisino Fernández de los Ríos idea la construcción de un inmenso “Campo de Reposo”, una necrópolis al estilo de los grandes cementerios norteamericanos e ingleses, al estilo de la que proyectaba Haussmann en París y que pensaba situarse al oeste de la Villa junto a la Casa de Campo en la zona de Rodajos, Húmera, Pozuelo y Somosaguas. Diversos problemas administrativos y de otra índole, hicieron que las miradas se dirigieran al Este.


Con un presupuesto de setenta y cinco mil pesetas para la compra de terrenos, cerramientos y gastos iniciales, en 1877 el Ayuntamiento convocó a concurso público a los arquitectos titulados por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para la construcción de una gran necrópolis, en el término municipal de Vicálvaro. El programa especificaba los elementos de la necrópolis y los tipos de enterramiento: de pago, de caridad y de inocentes; sitios para mausoleos de célebres, enterramientos de no católicos, capilla, depósitos, sala de autopsias, oficinas y almacén.

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Se presentaron seis proyectos a escala 1:200 en las salas llamadas de los “Medios puntos” prestadas por la Real Academia de Bellas Artes. El 13 de abril de 1878 se concedió el primer premio por unanimidad al proyecto de los arquitectos Fernando Arbós y Tremanti (1844- 1916) y José Urioste y Velada (1850- 1909) con el lema “Donde se sotierran los muertos e se tornan sus huesos en cenizas”. El proyecto original contaba con una capacidad de 62.291 sepulturas.


Respecto a la incineración que rezaba el lema, el tribunal puso sus objeciones y se mostró partidario de la “ inhumación bien ejecutada, pues es el procedimiento que mejor devuelve a la tierra y a la agricultura sus elementos; polvo dijo y no ceniza el Autor de todo lo criado”.

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El Ayuntamiento debía adquirir en treinta días los terrenos precisos ”no menos de 400 fanegas, unas 257 Hectáreas y 60 Áreas” y en un plazo de 90 días cercarlos y construir una capilla. Ante esta pesadilla los arquitectos Arbós y Urioste dijeron: “Proyectar en Madrid es llorar”. Solamente llegaron a construir en 1884 un pequeño Cementerio de Epidemias, cuyo primer enterramiento fue el de Maravilla Leal González. En 1888 Arbós y Urioste cesaron como arquitectos de la necrópolis y murieron sin ver alzar del suelo los edificios concebidos en 1877.


Les sucedió el arquitecto municipal José López Sallaberry y comenzaron las tareas de desmonte y cimentación. En 1905 Eduardo Vicenti encargó al también arquitecto municipal Francisco García Nava la reforma del proyecto de Arbós y Urioste, aumentando a 81.638 sepulturas con una capacidad para 885.000 enterramientos. Alberto Aguilera gestionó la ejecución y el Conde de Peñalver vio comenzar las obras en diciembre de 1907, inaugurándose oficialmente la Necrópolis del Este en 1925.

(Todas las fotografías están tomadas en la Sacramental de San Isidro)
Fuentes: “Los Baños Árabes” de Lola Esteban Lario, y “La arquitectura de la necrópolis del Este” de Carlos Saguar.
Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

21 de marzo de 2010

Iglesia Guillermina de la Paz


Wilhelminische Friedenskirche
Paseo de la Castellana, 6

Desde hace 100 años esta iglesia de arquitectura guillermina, su acogedor patio y la casa parroquial neorrománica, constituyen un verdadero oasis en el corazón de Madrid.
El edificio de la Iglesia Evangélica de Habla Alemana de Madrid, precioso y notable edificio de la arquitectura ecléctica madrileña de comienzos del siglo XX, fue inaugurado en enero de 1909.
Junto con las iglesias evangélicas de Roma y Jerusalén, esta iglesia se incluye en el grupo de las tres iglesias evangélicas alemanas en el extranjero cuya construcción fue apoyada activamente por el emperador Guillermo II (1888- 1918). 
La iglesia es, como ningún otro edificio, prueba del interés de la Casa Imperial por la política eclesiástica y la construcción de iglesias. Además, es una muestra de la concepción religiosa del monarca que le llevó a construir iglesias en varios lugares del extranjero.
La iglesia guarda cierta semejanza con la capilla de un castillo imperial medieval, con sus mosaicos y los más de sesenta capiteles y columnas neorrománicos.
En la construcción del conjunto se utilizó un material especial, la Piedra de Novelda.
Este monumento centenario, testigo de la historia, de la cultura y el entendimiento hispano- alemán, sufre un deterioro significativo en los relieves de la fachada, columnas y capiteles, así como en la casa parroquial, producidos por la contaminación ambiental.
El director del proyecto de restauración es Carlos Clemente, arquitecto conservador de la Universidad de Alcalá de Henares y premio “Europa Nostra” en tres ocasiones.
Él ha sido el encargado de resolver, como arquitecto, problemas de piedra similares en la fachada de la Universidad de Alcalá de Henares, en la Catedral de Palencia o en la Catedral de Burgos.

Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

31 de enero de 2010

Monumento en recuerdo a las víctimas del 11-M


El monumento es fruto del convenio suscrito entre el Ministerio de Fomento, a través de Renfe, y el Ayuntamiento de Madrid.
Al concurso internacional convocado para realizar el monumento, se presentaron 283 propuestas y resultó elegida por unanimidad la del estudio de jóvenes arquitectos FAM. El monumento se compone de dos partes, un elemento vítreo hacia el exterior y una membrana interior con mensajes escritos por los ciudadanos en los días posteriores al atentado, ambos elementos están combinados con una sala bajo rasante.

Para su construcción exterior, se utilizaron piezas de vidrio tipo borosilicato de alta resistencia al calor y cambios de temperatura, además de combinar alta transmisión lumínica y resistencia mecánica. La cúpula de vidrio de 11,3 metros de altura, está compuesta por 15.100 piezas de vidrio de 8,45 kgs. cada una.

En el interior se empleó una membrana de Etil-tetrafluoretileno, que manteniendo la sala bajo rasante completamente presurizada, sujeta por un perfil de base, la levanta, tensa y estabiliza. La membrana transparente tiene una altura de 9,86 metros con un peso total de 48,96 kgs. y una superficie de 185 m2., y la sala bajo rasante una superficie de 497,5 metros cuadrados.
Se configura como un espacio para el encuentro y el recuerdo, presidido por la luz y la transparencia, que permite establecer un vínculo de solidaridad con las víctimas de los atentados del 11-M, y con todos los que han sufrido la violencia terrorista.

Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

16 de enero de 2010

Museo Nacional de Antropología


El Museo Nacional de Antropología, es el primer museo de carácter antropológico que se crea en España. Su fundación se debió a la iniciativa personal del médico segoviano Don Pedro González de Velasco, que invirtió todos sus ahorros en la construcción del edificio. Nació en Valseca de Boones, en 1815. Logra el título de practicante y cinco años después el de cirujano. Bachiller por oposición en la Facultad de Medicina, ganó el titulo de Licenciado y recibió la Cátedra de Operaciones de la Facultad. Pronto la fortuna le sonrió y comenzó a ganar dinero en abundancia que dedicó a coleccionar piezas de antropología, etnografía y antigüedades. Tal llegó a ser su colección, que en 1873 se construyó un edificio ubicado en las proximidades del Observatorio y de la Facultad de Medicina de San Carlos, frente a la recién inaugurada estación del Ferrocarril de Atocha.
 El origen del museo deriva de un Gabinete Anatómico creado por el Dr. Velasco y el Dr. José Díaz Benito, con quien también publicó el magnífico “Atlas de partos”. (Existe una biografía del doctor Diaz-Benito escrita por Lola Esteban Lario titulada “Los Baños Árabes”
En su día las colecciones estaban formadas por objetos de los tres "reinos" de la naturaleza –mineral, vegetal y animal-, muestras de antropología física y teratología, antigüedades y objetos etnográficos, por lo que podía considerarse como un "gabinete de curiosidades". A la muerte del doctor, el edificio y su colección fueron cedidos al Estado.



El proyecto original de D. Francisco de Cubas y González-Montes (Madrid, 1826 - 1899), arquitecto y político del siglo XIX, conocido como el Marqués de Cubas, presentaba una fachada con un pórtico de columnas jónicas, que se remataba por un frontón recto. Desde el pórtico se accedía a dos amplias salas iluminadas por una cubierta a cuatro aguas de hierro y cristal. En su obra se manifiestan primero el arte clásico griego en el pórtico de ingreso, con la armonía de sus compactas masas, sólo interrumpidas por el necesario hueco de la puerta, poniendo el sello de gravedad, belleza y majestuoso aspecto que debe anunciar todo templo de la ciencia, y segundo el estilo moderno de las fachadas laterales. Dadas las limitadas dimensiones del terreno y su configuración, ha sacado todo el partido posible, porque todas las distribuciones del museo y sus dependencias han resultado regulares, y sólo dos gabinetes no tienen forma rectangular.
El marqués se formó en la Escuela de Arquitectura de Madrid y completó sus estudios en Italia y Grecia. A su regreso a España en 1858 obtuvo la primera medalla de la Exposición Nacional de ese año. Miembro de la Academia de San Fernando desde 1870, alcalde de Madrid en 1892, diputado en 1893, y senador por Ávila entre 1896 y 1898, se distinguió por el uso del ladrillo y por sus obras de estilo neogótico. Entre sus obras destacan el colegio de los jesuitas de Chamartín, el Castillo de Butrón en Gatica (Vizcaya), la Universidad de Deusto en Bilbao, el Museo Nacional de Antropología y su obra más recordada, la Catedral de la Almudena de Madrid, comenzada en 1883 y donde descansan sus restos junto a los de su esposa Matilde de Erice y Urquijo. El museo se inauguró en 1875 con la presencia del rey Alfonso XII. 
Dice la leyenda que la única hija del doctor Velasco, a la edad de 15 años enfermó de unas fiebres tifoideas (existía un certificado médico expedido por don Mariano Benavente, padre del conocido dramaturgo), muriendo al poco. Dado su prestigio obtiene un permiso para embalsamar a su hija y retener el cadáver en su domicilio. A las pocas semanas del fallecimiento, comienza a correrse por Madrid la noticia que el Dr. Velasco y su ayudante sientan a su mesa el cadáver, que le han vestido de novia y que le cambian de ropa varias veces. Algunos afirman que el Dr. Velasco saca a pasear a su hija en el coche de caballos y que la sienta enfrente de él, al lado de la ventanilla.
En 1.890 el Museo de Ciencias Naturales toma la decisión de utilizar el antiguo museo del Dr. Velasco como una ampliación del suyo, y en 1.895 traslada allí su secciones de Antropología, Etnología y Prehistoria.

Madrid hacia arriba© 2010 | Manuel Romo

2 de noviembre de 2009

Sacramental de San Isidro


En la margen derecha del río Manzanares, entre los puentes de Segovia y Toledo, en lo alto de un pequeño cerro, para custodiar el manantial cavado a comienzos del siglo XII en los campos de su señor Iván de Vargas, por un labrador mozárabe de Madrid, llamado Isidro (¿- 1170), levantó en 1528 la emperatriz Isabel, esposa de Carlos I, un sencillo oratorio a manera de una casa pequeña que pronto fue foco de peregrinaciones de cristianos, no exentas de peligros.
     
Se cuenta que la reina Isabel la Católica, a finales del siglo XV, acudió al lugar para comprobar en su persona las dotes milagroso-curativas de las aguas de la fuente de Isidro Labrador (pues no le canonizaron hasta 1622) y fue acometida por un oso al que la leyenda dice que ella misma dio muerte. La sencilla ermita que conocemos hoy, fue edificada en 1725 sobre las ruinas de la construcción primitiva y presenta una única nave con cúpula y linterna.

Ya durante el reinado de Carlos III se intentó que por razones de higiene y salubridad, puesto que anteriormente los enterramientos eran realizados en las iglesias de la ciudad, se empezaran a construir cementerios fuera del casco urbano. Pero no fue hasta el reinado de José Bonaparte cuando se construyeron los dos primeros camposantos; el Cementerio General del Norte en 1809 y el del Sur en 1810. Varias Archicofradías y Sacramentales de la ciudad empezaron a construir paulatinamente sus propios cementerios para enterrar en ellos a sus afiliados. El primero de estos camposantos fue el de la Sacramental de San Isidro, San Pedro y San Andrés, construido en 1811 sobre el llamado cerro de las Ánimas.
     
Siete patios conforman esta sacramental de San Isidro, los tres más antiguos, quizás son los más interesantes por su forma rectangular, de forma claustral, en la que se encuentran los nichos. En un principio (1811), sólo estaba constituido por un solo patio, el de San Pedro, diseñado por el arquitecto Rafael Isidoro de Hervías y en él se pueden encontrar las sepulturas de Isabel Tintero, (la que encontró el lienzo de la Virgen de la Paloma), la de Rafael Oseñalde, (cura párroco de San Andrés), la de Antonio Fraseri (médico de cámara de Fernando VII), la de Bernardo Conde (director de la Fábrica de Cerámica del Buen Retiro), la de Campomanes, y la de la familia Madrazo.

 En la última etapa del reinado de Fernando VII (1829), se construyó el segundo patio, el de San Andrés, obra del arquitecto José Llorente. Descansan en este patio, entre otros, el general Diego de León y el conde de Toreno. En 1.848 se edificó el tercero y más amplio. El patio de San Isidro, obra de José Alejandro Álvarez y en él descansan personajes como Leandro Fernández de Moratín, Ramón de Mesonero Romanos, Antonio Maura, José Canalejas, Consuelo Bello (la Fornarina) y Manuel Montes de Oca.

      En el año 1.855 comenzaron las obras de ampliación de este cementerio, construyéndose el patio de la Inmaculada Concepción, de estructura neorromana de columnatas, torreones y una galería circular de nichos y que encierra un espléndido conjunto de panteones con casi todos los estilos del siglo XIX. A este patio le sucede el de Santa María de la Cabeza, que se extiende a la derecha del primitivo de San Andrés y por último, el del Santísimo Sacramento y el de San Juan, quedando aparte y en un nivel más profundo los tres patios del primitivo camposanto de San Pedro y San Andrés.
       
 Durante el siglo XIX se convirtió en el cementerio de calidad de Madrid, siendo el preferido por la aristocracia, los políticos, la alta burguesía y muchos artistas decimonónicos, lo que nos ha legado un conjunto de panteones de gran factura arquitectónica y artística dentro de los monumentos funerarios. Los arquitectos empleaban para este fin todos los recursos disponibles, adornando y enriqueciendo sus trabajos con elementos escultóricos y la presencia de diversos oficios artísticos como la cantería, la forja, las vidrieras y los esmaltes.
Estando considerado uno de los cementerios más interesantes de Europa, está catalogado como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico.


Fotos: Manuel Romo  
Fuentes: Congregación San Isidro, Madripedia, Archimadrid.

Madrid hacia arriba© 2009 | Manuel Romo

11 de octubre de 2009

Real Observatorio Astronómico de Madrid


Real Observatorio c./ Alfonso XII, 5 y 7
La idea de establecer un observatorio astronómico en Madrid se debe a la iniciativa del científico y marino alicantino Jorge Juan, quien en 1785 expuso a Carlos III un proyecto para establecer un centro dedicado al estudio de la geografía astronómica. Para tal efecto, el monarca encargó al arquitecto Juan de Villanueva la construcción de un edificio sobre el llamado cerrillo de San Blas, el la parte baja del Retiro.
Las obras empezaron en 1790 con la colocación de la primera piedra por el rey Carlos IV y se prolongaron hasta 1847, porque durante la invasión francesa, cuando el edificio estaba casi terminado, quedó totalmente destruido, incluido el telescopio reflector de 60 cm de diámetro y 25 pies de longitud, que se encargó construir al astrónomo alemán, descubridor de Urano, W. Herschel.


Dada la carencia de una tradición astronómica en España, los primeros astrónomos del observatorio inician su aprendizaje en diversos países europeos. Pero la guerra contra Francia, supone la dispersión del personal y la destrucción de equipos, biblioteca y edificaciones. Al acabar la guerra, el observatorio tuvo que ser restaurado por completo, interviniendo entre otros el arquitecto Narciso Pascual y Colomer.



Las actividades en el observatorio se reanudan en 1845 y en 1854 tras la reorganización del establecimiento, se instala el círculo meridiano de Repsold y en 1858 bajo una sola dirección de las secciones de Astronomía y Meteorología, el anteojo ecuatorial Mertz, construyéndose, además, un nuevo edificio que alojaría en su torre la gran ecuatorial, iniciándose una etapa de trabajos astronómicos, geodésicos y meteorológicos.
Tras una primera fase en la que el observatorio dependió directamente de la Corona a través de un Comisario Regio y posteriormente del Rector de la Universidad Central, en 1904 el observatorio fue agregado al entonces Instituto Geográfico y Estadístico, actualmente Instituto Geográfico Nacional.



En sus comienzos, las actividades desarrolladas en el observatorio cubrían todos los campos de la Astronomía y ciencias afines: desde la física solar y estelar, a la mecánica celeste, el desarrollo de instrumentación, conservación oficial de la Hora y las aplicaciones en Geodesia, incluso estuvo encargado de realizar trabajos de Meteorología, prolongándose la actividad en este campo hasta los primeros años del siglo XX. A partir de este siglo, es cuando el observatorio concentra sus esfuerzos en la investigación astronómica y en el desarrollo de instrumentación asociada.


Tras la reducción de personal y medios a consecuencia de la guerra Civil Española, el observatorio conoce una nueva etapa de modernización y expansión (1970), creándose el Centro Astronómico de Yebes, en Guadalajara, y la Estación de Observación de Calar Alto, en Almería, e instalándose en esta última, un telescopio óptico de 1,52 m de diámetro. Con ello se potencian las líneas más tradicionales de la astronomía óptica que venían llevándose a cabo (Astrometría, Heliofísica y Física estelar). También se inicia una nueva línea de investigación y desarrollo instrumental, que se ha reforzado en las últimas décadas con la participación del observatorio en el Instituto hispano-franco-alemán de Radioastronomía Milimétrica.



El proyecto de Villanueva, típicamente dieciochesco, ha dado como resultado uno de los edificios más bellos de Madrid. El cuerpo central del edificio principal, está formado por un paralelogramo rectangular, cuyas líneas mayores corren de sur a norte en una extensión de 28,5 metros. Destacan por su belleza el elegante pórtico de la parte sur y el templete circular que se eleva en el centro, compuesto por 16 columnas de granito.


El edificio Villanueva alberga la mayor parte de la biblioteca del observatorio, con numerosos libros antiguos, una colección de instrumentos entre los que destacan un círculo meridiano, una colección de relojes de precisión, un espejo de Herschel en bronce pulido y un péndulo de Foucault en la rotonda central del edificio que ilustra la rotación diaria de la Tierra.

El edificio coronado por el gran telescopio ecuatorial de Grubb (1912), que albergaba las antiguas viviendas de los astrónomos y otro edificio conocido como el del Sol, por estar coronado por dos cúpulas que contenían dos telescopios de Grubb destinados principalmente a la observación solar, están actualmente en proceso de remodelación para ser utilizados por los investigadores y para diversos servicios.

Fotos: Manuel Romo
Fuentes: ROAM, Fomento, IGN.
Agradecimientos: a D. Javier Alcolea

Madrid hacia arriba© 2009 | Manuel Romo

29 de junio de 2009

Instituto Homeopático y Hospital de San José


En la calle de Eloy Gonzalo 3 y 5, (antiguamente Paseo de la Habana), se abre un jardín espacioso al fondo del cual se levanta un pabellón de fachada acristalada. Este edificio es el Instituto Homeopático y Hospital de San José, testimonio de la generosidad social de la Asociación Hahnemanniana Matritense, formada por médicos homeópatas que se propusieron reformar la medicina tradicional y paliar la injusticia asistencial en la segunda mitad del siglo XIX, siguiendo las teorías médicas de Hahnemann.

Con estas intenciones se puso en marcha la construcción del Hospital Homeopático hace poco más de 135 años, gracias a la suscripción popular y a la generosa aportación (750.000 pesetas) del marqués de Núñez, médico de Isabel II.



Núñez Pernía, García López y Pellicer Frutos


El hospital, también conocido en sus primeros tiempos como “Hospitalillo de La Habana” (1.130.000 consultas anuales), es un edificio con planta en forma de U, en torno a un patio ajardinado central, abierto a la calle con verjas y árboles frutales en un huerto de las Hijas de la Caridad.

1929 y 1933


Es una pequeña y armoniosa construcción erigida con granito, ladrillo y madera, de dos plantas, con sendos pabellones laterales, que demuestra la influencia de las ideas racionalistas neogóticas de Viollet-le-Duc en nuestro país en el tercio final del siglo XIX. En su fachada principal se desarrolla una galería de corredor acristalada y realizada en madera que abarca los dos pisos del edificio, mientras que en las fachadas de las alas laterales se abren ventanas de gran sencillez.
Un cuerpo principal paralelo a la calle en el que se ubican la capilla, el aula, la farmacia y otras dependencias, y dos pabellones laterales en los que se instalaban las salas de enfermos hospitalizados. Las galerías acristaladas del cuerpo central eran lugar de paseo y estancia de los convalecientes.


El autor del edificio fue el arquitecto José Segundo de Lema, que afrontó con éxito, mediante una cámara perimetral de ladrillo, el reto de recalzar cuatro metros los cimientos del futuro instituto, así desnivelados entre sus fachadas anterior y posterior. Se construyó entre 1873 y 1878 en una superficie de 3.835 metros cuadrados. La reforma interior se debe a Bernardo Giner de los Ríos García hacia 1926 y la restauración actual a Ignacio de las Casas Gómez y Emilia Checa Morán.

Dentro del mismo solar, en la esquina con la calle del Cardenal Cisneros, se levanta el palacete del Marqués de los Salados, de la familia del fundador del hospital y diseñado por el arquitecto Emilio Rodríguez Ayuso.
El palacete sigue el estilo neomudéjar que utiliza el ladrillo para muros de carga y también como elemento decorativo formando dibujos geométricos en los muros. En las salas del Hospital, cerradas desde el año 1980, se guarda un interesante patrimonio bibliográfico y documental del siglo XIX, con más de 700 volúmenes únicos en el mundo y varias tesis doctorales. Resulta milagroso que los edificios hayan sobrevivido a la fiebre especuladora de los años 60.
Es Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento, desde 1997.

Fuentes y fotos blanco y negro: Sociedad Hahnemanniana Matritense y http://www.homeoint.org/


M@driz hacia arriba© 2011 | Manuel Romo